Latin American Thoroughbred

EL DIARIO LATINOAMERICANO DE LAS CARRERAS

Descocado guapeó para que el dicho sea realidad

Carreras / 04.06.2018

DESCOCADO-CLASSIC

Para Francisco Gallinal, propietario de Descocado (Demostrado), “fue un acto de justicia”. La tercera fue la vencida, como reza el dicho popular, y logró en el Classic corrido este domingo en Maroñas lo que al caballo del stud Casupá se le había escapado en los intentos en la serie de Campeones en 2016 y 2017, con sendos segundos puestos en los mismos 2000 metros que esta vez resolvió con coraje.

 

Se lo merecía. Es la consagración de un gran caballo, carismático, que se hace querer. Perdió por un cuerpo a los 3 años, por medio pescuezo a los 4 y ahora, que está por cumplir los 6, guapeó en otro final ajustado”, remarca, con la precisión de quien esperaba y deseaba el desquite. Y llegó en lo que ha sido el primer éxito en ocho meses, con una particularidad: “Las dos veces que ganamos en Campeones fue con hermanos enteros. Antes había sido con Desconfiado, otro hijo de Demostrado y Dille”.

 

El éxito está impregnado en el ADN, está a la vista. Y a ello le dan un plus “el trabajo del entrenador (Walter Báez); del jockey (José Silva) y de Michel, el peón, que ha llegado a dormir junto al box y es otro factor importantísimo”, remarcó Gallinal. La puesta a punto, estaba a la vista, había sido óptima. El trabajo del jinete hizo el resto, sobre todo con el rigor en el desenlace, cuando Monje Negro (Ecclesiastic) y Don Carrasco (Alcorano) salieron a buscarlo.


Ben Hur (Honour and Glory) había picado al frente y su hermano paterno Chimango le reclamó el liderazgo enseguida. Lo de ellos fue una lucha que quedó en segundo plano cuando abordaron la recta final y ya habían gastado gran parte de sus energías. Entonces, dominó Descocado, con más fuerza que aceleración y juntos, jinete y caballo, trabajaron duro para contener las atropelladas, sobre todo la de Monje Negro, la mayor amenaza, a la que no le alcanzó la furia y la juventud para quebrar la resistencia del ejemplar al que “siempre mandamos a descansar uno o dos meses y cuando volvió la última vez nos pareció que sonreía”, según confió Gallinal. Por lo pronto, el alazán ya ha logrado que su patrón lo haga diez veces para la foto.