Latin American Thoroughbred

EL DIARIO LATINOAMERICANO DE LAS CARRERAS

La furia de Roman Rosso se sintió también en la otra orilla

Carreras / 12.03.2018

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MONTEVIDEO. – Después de la gran victoria de Sixties Song (Sixties Icon) en Valparaíso el año pasado, cruzando la cordillera de los Andes a Chile, llegó para la delegación argentina otro impacto fuerte de visitante en el Gran Premio Longines Latinoamericano (G 1). Esta vez, en la otra orilla del Río de la Plata, fue Roman Rosso (Roman Ruler) el que puso el corazón para un éxito que se gritó desde su stud en Palermo hasta Maroñas, el hipódromo uruguayo que fue sede de la carrera itinerante por tercera vez. De golpe, el cotejo que tanto se le negaba como visitante a la Argentina llegó en ediciones consecutivas, como nunca antes. Y justo en la cancha en la que, once años atrás, Latency (Slew Gin Fizz) le había dado el primero de los triunfos fuera de casa al grupo albiceleste.

Este quinto éxito del caballo del stud La Primavera se construyó cada mañana de los últimos cuatro meses, el tiempo que transcurrió desde que ganó el Gran Premio Nacional (G 1) en el Argentino hasta la cita de este domingo. “Era nuestro objetivo y confiaba que se diera un buen resultado, pero el caballo me asombró”, dijo el entrenador Jorge Mayansky Neer, lejos de involucrarse en autoelogios y, por el contrario, poniendo el foco en la gente que integra el equipo de trabajo y en la organización como el mejor complemento para que las cosas salieran de la mejor forma. “La clave estuvo en la atención que nos brindaron, en el gran recibimiento, en la predisposición para facilitarnos la aclimatación y hacernos más fácil la última parte del entrenamiento”, agregó.

Roman Rosso había tenido un inicio de campaña tibio y encontró sus fuerzas en la evolución que mostró y en la llegada de las competencias en la distancia para la generación 2014. “Había evolucionado desde lo físico, pero en lo mental recién lo hizo en el segundo semestre del año pasado. Ahí fue para adelante, y llegaron los triunfos y pudimos ir soñando sin límites”, recordó el preparador, que encontró para el alazán al socio ideal en Wilson Moreyra, el muchacho de General Viamonte, en Córdoba, que en la adolescencia dejó su pueblo para probarse en Buenos Aires, “porque uno siempre va pensando en alcanzar lo máximo posible”, asegura. Y ahora, a los 27 años, no quiso evaluar ni la cantidad de montas que pudo haber tenido en todas estas jornadas en las que no estuvo corriendo por viajar con el caballo ni la posibilidad de subirse a otro ejemplar por las mañanas que pudiera servirle para conocer secretos de la cancha.

“No fui a correr con un plan. Tenía libertad para hacerlo y lo dejé cerca cuando vi que el 1 fue a la punta y que el peruano iba a seguirlo”, dice Moreyra, con la lógica que entregó el desarrollo con el líder Fitzgerald (Put it Back) y su perseguidor Barbon (Badge of Silver), casi un perro de presa. Fue con este último que tuvo que pelear casi todo el derecho mano a mano, además de conservar energías para controlar por un cuerpo la arremetida del brasileño Leao da Prata (Crimson Tide).

“Estaba bárbaro y aquí se lo vio mejor”, coincidieron entrenador y jockey durante toda la semana. Ayer, no hacía falta que lo repitieran, porque aquel potro que compraron de destete y necesitó terminar de recriarse antes de ir al stud, llegó más lejos de lo que imaginaban. Hoy, su límite es la imaginación.