Latin American Thoroughbred

EL DIARIO LATINOAMERICANO DE LAS CARRERAS

La historia detrás de Leitone, el nuevo crack de la hípica chilena

Carreras / 08.02.2018

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El que dice que la suerte no existe, seguramente no conoce nada acerca de las carreras de caballos. Al menos de eso puede dar fe Ariel Gómez, periodista que le ha dedicado su vida profesional completa a las hípica y que hace más de una década incursiona como propietario, con una dosis de fortuna superior a la media de la que tiene cualquier mortal que alguna vez haya decidido adquirir un fino de carrera.

Remate del Haras Sumaya, año 2016. Gómez va decidido a comprar un potrillo. ¿Su gusto? un hijo de Longboarder, padrillo que no ha destacado mucho hasta el momento, pero cuya madre tiene buena línea. Si bien es cierto el caballo podría costar menos de diez mil dólares, no está en condiciones de comprarlo solo. Necesita al menos un socio. En el mismo remate está presente uno de sus mejores amigos, Roberto San Miguel, que también incursionó en los medios pero que los dejó hace un lustro para dedicarse a otras actividades. Gómez le planea la posibilidad de hacer una sociedad, hay algunos detalles que impiden llegar a un acuerdo, como a qué preparador llevarlo, y no quedan en nada. Cada uno sigue su camino...

Sale el potrillo que quiere Ariel. No tiene socios pero igual levanta el dedo haciendo posturas. Confía en que si no es San Miguel igual encontrará otro partner. ¿El problema? el caballo se arranca del presupuesto y ya no puede comprarlo. Se retira cabizbajo. "Se me fue el campeón", se resigna camino a su vehículo.

Al día siguiente, llama a su amigo Roberto:

Ariel: "¿Cómo estás, crack?"

Roberto: "Súper bien, pues Ariel, acá viendo a mis tres nuevos potrillos..."

Ariel: "¡Pero cómo! si me contaste ayer que no estabas convencido de comprar y te terminaste llevando tres caballos..."

Roberto: "Es que salieron muy baratos los que yo quería. Era una buena oportunidad. ¿A tí como te fue?"

Ariel: "Pésimo, no encontré socio y para peor el potrillo que quería se lo llevaron más caro. Todo mal".

Roberto: "Pero hagamos algo: entra con un porcentaje en cada uno de los tres potrillos que tengo. Tu sabes, feliz de que seamos socios..."

Ariel: "No tengo tanto dinero como para comprar tres caballos. Solo para uno. ¿Te parece?"

Roberto: "Obvio, compadre. Pero una condición..."

Ariel: "¿Cuál?

Roberto: "Los tres están en el corral de John Pinochet. Y de ahí no salen..."

Ariel: "Hecho".  

Gómez fue raudo al corral de Pinochet. Tres son los ejemplares que están frente a él y debe escoger por uno. Ninguno tiene papeles de campeón, pero quiere sacarse el mal rato del potrillo que le llevaron. Se queda con un caballo brioso, de buena estampa pero hijo de Dunkirk, potro que llegó a Chile hace algunos años pero que a la fecha no había entregado un solo caballo de gran nivel. "Lo escogí porque estaba emparentado con Súper Coyote, que era un muy buen corredor, y también porque me dio la impresión de que era el que más le gustaba a John entre los tres que tenía que elegir", dijo el periodista. Un poco de intuición y mucho de suerte...

El tercer socio era Fernando González, con quien tanto Gómez como San Miguel tenían una relación muy cercana. Era el momento de bautizar al potrillo. Y los tres pensaron en un amigo en común: Óscar Leighton. Hermano de Claudio, tremendo jinete de la década de los 80, es un hípico entusiasta y muy querido en el ambiente por su nobleza y carisma. Primero se les ocurrió llamarlo ‘Leitao’, "pero es el apellido de la alcaldesa de la comuna donde yo vivo, así que ninguna opción", dice San Miguel entre risas. Luego, dieron con el nombre, y el mismo Roberto explica el cómo: "hubo un relator histórico en el Club Hípico, Jaime Canales, que tenía muy mala dicción y el que siempre le ponía una 'e' de más a todas las palabras. Así nació Leitone".

Desde sus primeros trabajos el potrillo mostró condiciones sobre la media. Meses antes de debutar, de hecho, el entrenador tuvo un breve diálogo con el autor de la nota y consultado sobre cómo se veían los nuevos efectivos del corral señaló "tengo uno que va a ser bueno de verdad. Al menos un clásico de los grandes se va a llevar. Te aviso cuando debute, porque ganará al tiro".

El potrillo tardó en estrenarse, recién lo hizo a inicios de mayo. Entre medio, Gómez estaba un poco contrariado. El ejemplar que él quería comprar inicialmente ahora respondía al nombre de Alfa Cuatro y era uno de los mejores dosañeros del Hipódromo Chile. Pinochet notó esta situación, y a pesar de ser un hombre muy medido se acercó y lo tranquilizó e ilusionó al mismo tiempo, diciéndole antes del estreno: "¿qué te preocupas tanto, hombre? Yo te firmo que Leitone va a ser mucho mejor que Alfa Cuatro..."

Leitone ganó inmediatamente en su debut. Su jockey fue Kevin Espina, titular del corral de Pinochet. Pero el jinete venido de Antofagasta fue suspendido y hubo que buscar relevo. Allí apareció Héctor Berríos, el mejor del medio y muy amigo de San Miguel.

En sus primeras incursiones clásicas el potrillo no supo de triunfos, pero Berríos se encargó de hacerles saber a los dueños que tenían un potencial crack. Solo necesitaban paciencia y esperar que aumentaran las distancias, ya que "Tito" comparaba a Leitone con Ascot Prince, un ejemplar que llegó a ser el mejor caballo del Hipódromo Chile y que al igual que el nuevo ganador de El Derby (G1) destacaba por ser un fino galopador y que mantenía el ritmo durante todo el recorrido.

Pero más problemas. Berríos rodó y se fracturó la clavícula. Volvió a la silla Espina. Llegaba la previa de las Dos Mil Guineas (G1), prueba en la cual El Notario (Fast Company) era el gran favorito. Leitone venía de inclinarse ante él en el premio Domingo 2° Herrera Martínez (G2) y culparon de la derrota al barro, pues el pupilo de Luis Urbina era un patito para el agua. Para el día del clásico había pronosticada precipitaciones. San Miguel, Gómez y González lo niegan, pero seguramente hasta mandas a santos y vírgenes hicieron para que no  cayera lluvia alguna. Eso ocurrió. Contra todo pronóstico la tormenta se retrasó y en cancha seca Leitone demostró que era el mejor potrillo de la arena y se dio un paseo por la pista. Cosas del destino: ya en la premiación la lluvia comenzó a caer con fuerza. Mojarse daba lo mismo, la alegría sería para siempre...

El próximo desafío era el Gran Criterium (G1), segunda etapa de la Triple Corona del Hipódromo Chile, que entregaba US$ 600 mil al vencedor. Leitone era el favorito por sobre Wow Cat (Lookin at Lucky), yegua que pulverizó repetidamente a las de su sexo, pero que se pensaba que no podría ante los machos. El tropezón fue doloroso: la defensora del Haras Paso Nevado ganó la carrera con nuevo récord para la distancia y sin ser mayormente exigida. Los dueños asumieron la derrota sin problemas e incluso Gómez, en su posición de periodista, bajó de inmediato a hacer las notas al equipo de la nueva campeona palmeña.

Pese a la contundente derrota, en el equipo de Leitone había fe en el St. Leger. Ya estaba recuperado Berríos y se le devolvió la monta, a pesar de que había bastante conformidad con el desempeño del joven Espina. Los cotejos invitaban a la ilusión. Leitone marcaba por las mañanas tiempos muy parecidos a los de Robert Bruce, el súper campeón del pasto. Pero, de nuevo, otra decepción: Wow Cat volvió a dominar a Leitone sin problemas. Un hecho, eso sí, marcó a los propietarios: mientras la yegua ampliaba distancias, los tres socios, rendidos ante la pupila de Carlos Urbina, comenzaron a aplaudir tanto a la campeona como a su caballo, pocos metros antes de la meta, con el asunto ya definido. Sin embargo, un propietario que en el pasado tuvo muchos problemas personales  tanto con Gómez como con San Miguel, comenzó a golpear enfervorizadamente un ventanal, celebrando de manera burlesca la derrota de Leitone. ¿El problema? Lo hizo sin darse cuenta al frente de Fernando González, que nada tenía que ver con las diferencias entre ellos y quien, con mucha altura, no dio importancia al asunto.

Hubo algunas opciones de vender al caballo al extranjero, pero ninguna prosperó. Si bien es cierto la cantidad era bajo las expectativas, de todos modos era una cifra seductora. Pero el orgullo impidió concretar cualquier transacción: "Ustedes no son Carlos Heller, no son el Paso Nevado, no son el Matriarca, no son millonarios. Deben aceptar lo que ofrecemos", dijeron algunos emisarios buscando persuadirlos. No fue la mejor técnica, pues los dueños no cedieron ante esa particular forma de conquista.

Así, la idea era llevar al caballo al Latinoamericano. Pero con el cupo del Hipódromo Chile reservado por Wow Cat, la única opción de conseguir la clasificación era viajar a Viña para ganar El Derby, aunque la idea no convencía del todo al equipo, pues implicaba debutar en el pasto. En el medio, una luz de esperanza: el presidente del Club Hípico, Carlos Heller, propuso que su recinto nominara a Leitone a cambio de que en el futuro el Hipódromo Chile le devolviera la mano. Las negociaciones tardaron y no llegaron a buen puerto, así que no quedó otra que llevarlo a la Costa.

La determinación final de ir a El Derby se tomaría luego de un cotejo por la cancha de carreras en el Club Hípico, en el cual Leitone haría su primera aproximación al pasto. El caballo lució todo el recorrido muy cómodo, e incluso Héctor Berríos, que es un hombre de carácter muy reservado, se bajó de él con una enorme sonrisa. Un gesto vale más que mil palabras y quedaba más que claro que había que ir a El Derby.

Contrario a buena parte de los finasangres que corrieron la tercera etapa de la Triple Corona Nacional, el entrenador John Pinochet determinó viajar el mismo día de la carrera. Según él, "si un caballo no viaja con un mínimo de un mes no vale la pena sacarlo de su ambiente. Leitone está acostumbrado a subirse a un camión para correr, la única diferencia es que el viaje será un poco más largo", dijo el profesional. El trainer, que previo a la llegada de este corredor nunca había ganado un Grupo 1, sabía que tenía la chance de su vida de ganarse un Derby. Así que, cual peón, no se despegó de Leitone el día de la carrera. A las 3:30 de la mañana se levantó y poco rato después estaba en el corral coordinando el viaje. Ya en Viña, el caballo se hospedó por el día en el stud del trainer Gabriel Reyes, Pinochet vigiló celosamente cada movimiento del favorito de la carrera.

El momento de la competencia fue vivido de distintas maneras por los responsables. González y San Miguel estuvieron con sus familias y amigos en las tribunas, Gómez en la pista con micrófono y cámara listas por si había que entrevistar a otro ganador y Pinochet en la soledad de la troya, viendo la carrera en una pantalla gigante. Los cuatro se encontraron en la pista, se abrazaron, fotografiaron y levantaron las copas. Pinochet, luego, abandonó la escena y no acudió a la conferencia, pues priorizó la revisión del nuevo monarca viñamarino, el cual "quedó fenómeno después de la carrera". Los propietarios, en tanto, enfrentaron los micrófonos en una lúdica y extensa conferencia cargada de dedicatorias personales y anécdotas hilarantes, como cuando Gómez contó que en el sorteo de partidas se encontró en el baño con el presidente del Sporting y de la OSAF, Carlo Rossi, quien le confidenció que Leitone era su favorito.

Último guiño del destino: el sábado previo a El Derby, en el Hipódromo Chile, el caballo Alfa Cuatro logró un muy buen triunfo en una carrera de mediana exigencia en La Palma. El domingo en la noche, eso sí, Ariel Gómez seguramente recordó las palabras de John Pinochet previas al debut de Leitone y se fue con la tranquilidad de que, efectivamente, le quitaron a un buen caballo pero a cambio recibió a un campeón.