Latin American Thoroughbred

EL DIARIO LATINOAMERICANO DE LAS CARRERAS

A Osvaldo Alderete, el respeto por el caballo lo llevó a lo más alto

Carreras / 18.12.2017

Alderete

Cuando se haga un balance de la temporada, uno de los detalles que saldrá a la luz es que el mismo caballo se adjudicó el primero y el último Grupo 1 del calendario en la Argentina. Y allí, sobre la montura de Puerto Escondido (Hurricane Cat), aparecerá Osvaldo Alderete levantando la copa en el Miguel A. Martínez de Hoz, de febrero, y en el Carlos Pellegrini, de diciembre. En los extremos del año, el jinete tucumano ganó sus dos grandes premios, en una cosecha que lleva quince festejos clásicos, ocho de ellos de Grado, con dos semanas de competencia por delante aún.

Será para él, nacido hace 30 años en San Miguel de Tucumán, otro cierre formidable. Como en 2013, cuando la yegua Venerancia (Lode) apiló tres Grupo 1 en serie, los primeros en la trayectoria de Alderete, que poco después de haber nacido Mateo, su primer hijo, se alzó con el Maipú, el Suipacha –por la descalificación de City Glam (Grand Reward)– y el Félix de Álzaga Unzué.

Para Osvaldo, el caballo siempre fue un aliado para ganarse la comida. De chico, cuando iba con su hermano Víctor a vender alimentos en un carro, "aunque el frío o la lluvia nos hicieran doler los huesos". Y desde hace catorce años, en las pistas, tras pasar por las cuadreras. "Desde pequeño, en casa aprendimos a respetar al caballo. Sabíamos que tenían que estar siempre listos para ir a ganarse el peso cada mañana", recordó hace un tiempo el jinete, hincha de Atlético Tucumán y con devoción por la música de la Mona Jiménez.

Sus inicios fueron allá, a casi 1100 kilómetros. Al principio en la calle, luego en el hipódromo del Jardín de la República. Toda una particularidad la suya: estuvo en las escuelas de aprendices de sus pagos y también en la del hipódromo del Jockey Club, donde transcurrió apenas un año hasta que fue habilitado para correr. Estuvo más tiempo como alumno que como aprendiz: a nueve meses del debut, ganó en La Plata con Jungle Emperor (Emperor Jones) y se graduó.

Este último y Venerancia tuvieron en común a la familia Sueldo. Héctor y su hijo Marcelo le acobijaron desde el primer día y hoy siguen considerándolo parte de su equipo. "Nunca me sacaron el respaldo. No fui aprendiz de moda ni corría muchas carreras por día, pero ganaba bastante y cuando dejé de descargar kilos me siguieron apoyando”. A siete años de su ascenso, esta temporada celebró con ellos el Clásico Irlanda (G 3) de Palermo, con Quiero Sardina (Manipulator) y el Clásico Estrellas Serranas, con Empresariado, en Tandil.

"Cada tanto vuelvo a mi provincia. Me falta ganar el Batalla, que vale como un Grupo 1 de los de acá, pero es más lindo para los que somos de allá", sostiene Osvaldo, en alusión a la cita que cada 24 de septiembre paraliza a su provincia. Allá lo esperan con los brazos abiertos a Fleco, como lo llaman desde chico, mucho antes de que trascendieran aquellos éxitos destacados y los que además ha logrado durante 2016 con Elvio Bortulé (siete clásicos), Pedro Molina (el Producción Nacional –L–) y Pablo Sahagian. Con El Turco logró cinco: tres con Puerto Escondido y dos con El Benicio (Hurricane Cat).

Cuando tuvo la rodada y supimos que no podía correr al caballo en la Copa de Oro, antes de decidir que lo reemplazara (Pablo) Falero sabíamos que cuando llegara el Pellegrini la monta iba a ser él”, revelaron en plena conferencia de prensa el entrenador y uno de sus dueños, Alejandro Vázquez. Un voto de confianza semejanza tuvo, dos meses más tarde, la devolución a esa gentileza: desde la última curva, Alderete puso al frente al zaino de la muserola blanca y escapó a una victoria colosal. No será el Batalla de Tucumán, pero Mateo, la pequeña Emma, de 2 años, y su mujer Johana ya ven cada minuto que pasa en casa la copa de la carrera más importante de América del Sur.