Latin American Thoroughbred

EL DIARIO LATINOAMERICANO DE LAS CARRERAS

Juan Javier Etchechoury tiene el poder de hacer realidad sus deseos

Carreras / 21.11.2017

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Cuidado con lo que deseas porque se te puede cumplir”, reza un dicho popular que bien le cabe por estas horas a Juan Javier Etchechoury. Es el entrenador de Calcolatore (Tawqeet), el caballo que el domingo pasado ganó el Gran Premio Dardo Rocha (G 1) en el hipódromo de La Plata. En un puñado de meses, pasó de estar sentado en un sillón de su casa soñando que alguna vez iba a volver a cuidar y ganar una carrera importante a ser protagonista de carne y hueso de esas imágenes que circulaban por su cabeza una y otra vez. “Cuando te hacés ilusiones no lo medís, pensás todo en grande. Y yo me veía ganando las mejores carreras”, asegura, la tarde después de quedarse con la más deseada por todos del calendario platense.  

Se cumplieron sus deseos aunque tenga un único caballo a cargo. “La pasé muy mal. Estuve un año y medio lejos de todo. Me quedé sin caballos después de andar de stud en stud, porque no tenía uno propio, y encaré una sociedad con un foodtruck, pero no era lo mío. Los primeros cuatro meses no quería ni pisar un hipódromo. Mis hermanos me decían que vaya, que me siente en alguna mesa y que las oportunidades iban a llegar, pero no quería saber nada con eso. Incluso Carly me contó de un entrenador importante que se había quedado sin nada y volvió haciendo eso”, recuerda Javi, de 49 años y en la espera de una niña para los primeros días de diciembre junto a su mujer, Patricia.

Antes de que llegue el llamado de su hermano Carlos Daniel para que se sume a su equipo de trabajo como asistente, Javier no veía la luz al final del camino. “Pensaba que estaba por ser padre otra vez y no tenía trabajo. Me comía la cabeza. Además, necesitaba hacer algo de lo que me gustaba, pero no había ni miras. Ya estaba convencido de que este año no iba a poder lograrlo”, confiesa. Su vida tomó un vértigo favorable en un abrir y cerrar de ojos.

Todo se fue dando muy rápido. Cuando Dany me propuso ayudarlo me gustó y después surgió la posibilidad con Calcolatore”, comienza a detallar. “Como al caballo lo preparaba Dany y él no quería viajar, quedamos que yo iba a llevarlo a Córdoba para correr el San Jerónimo. Lo habían comprado unos cordobeses con la idea de ganar esa carrera, pero querían que siguiera entrenándolo él en San Isidro. Finalmente, porque tenían otros caballos, el viaje no se hizo y el Bocha (Daniel) Bordón –un ex jockey, galopador y asistente de Carlos Daniel– pidió que me lo dejaran a mí. Lo hablé con Dany y le pareció muy bien”, agrega el menor de los hermanos Etchechoury.

En paralelo, Javier sigue su rutina al lado de Dany. Éste tuvo a Calcolatore desde que era potrillo y casi dos años después nada ha cambiado, prácticamente. Está en el mismo box de siempre y con el mismo peón atendiéndolo desde el primer día. El dato lo revela Dany, tan orgulloso del éxito como si lo hubiese logrado él. “Volvió a su amor, ha sido una bocanada de aire para él y una gran mano para mí, porque nos complementamos bárbaro”, agrega. Andan juntos por la mañana en el Campo 2 y la escena se repite en los hipódromos. Salvo en un caso, está claro.

Todavía me acuerdo de un montón de cosas que pasaron antes y después del Dardo Rocha y me emociono. Luego de la carrera no podía ni hablar. Por el gran premio que se trataba y por el contexto de lo que estuve viviendo ha sido uno de los triunfos más importantes de mi vida”, asegura Javier, que ya lleva unos 30 años en la actividad que aprendió a querer al lado de su padre Pochi, el cuidador que les marcó el rumbo en la profesión y en la vida.

Tanto cambió todo en unos meses que ahora parece que no hubiera tiempo que perder. “Anoche nos juntamos con los dueños para ver qué vamos a hacer con el caballo, porque se volvían a Córdoba y no iba a tenerlos a todos juntos hasta no sé cuándo, pero no lo definimos. Querían festejar y que luego decida yo. Y a mí me gusta darle tiempo a que los caballos se recuperen y evaluar opciones”, describe el preparador.

Está el Pellegrini, pero es bravo. También el Clausura de La Plata a fines de diciembre, que seguramente tenga un muy buen premio. O ir al José Pedro Ramírez, en Maroñas, porque puede llegar una invitación y además sería en la misma pista que luego, en marzo, se correría el Latinoamericano, si tenemos la posibilidad de ser nominados como suele pasar con los que ganan el Dardo Rocha. Veremos cómo se va sintiendo el caballo”, piensa en voz alta.

Las opciones son varias, y tentadoras. Mientras tanto, el representante del stud Oye Tango descansa en su box con el placer de haber sumado para la causa. “Cuando esta mañana lo fui a ver enseguida se me acercó, como si supiera el significado de lo que había hecho”, apunta Javier. Son sensaciones que vuelve a vivir, las que necesitaba sentir.