Latin American Thoroughbred

EL DIARIO LATINOAMERICANO DE LAS CARRERAS

Hugh Bowman, el campeón que se hizo fuerte en la adversidad

Internacional / 28.11.2017

Hugh-Bowman

Hugh Bowman aseguró hace poco que nunca pensó “que un caballo podía traerle tanta alegría a su vida”. A los 37 años, el jinete australiano agradecía todo lo que estaba viviendo como el mejor complemento de esa yegua fantástica que es Winx (Street Cry), que lleva 22 victorias consecutivas y no pierde desde abril de 2015. Ella es coprotagonista de la historia de sus logros y parte importante de su primera consagración como campeón del Longines International Jockey’s Championship. El torneo se definió este domingo en Tokio, donde le alcanzaba con llegar segundo en la Japan Cup (G1) para asegurarse el título. Insaciable, supo que la mejor manera de coronarlo era llevar al triunfo a Cheval Grand (Heart’s Cry), y así lo hizo.

En el contexto mundial, Bowman llegó para quedarse. Ya se había adjudicado el año pasado un campeonato mundial en Hong Kong. Ahora definió a su favor el duelo con el británico Ryan Moore, sin darle ilusiones al italiano Frankie Dettori, clasificado tercero en la tabla que se elabora con las actuaciones en 100 clásicos en todo el mundo, según lo establecido por el Comité de Rankings de Caballos de Carreras de Longines World.

Eso sí, el piloto australiano atravesó tempestades en su vida antes de llegar a la cima. Propias y familiares. Personales y profesionales. "La primera vez que pensé que podía ser uno de los cinco primeros en Sydney fue cuando me suspendieron en 2002, por una muestra positiva. Me fui a casa, vi el carnaval de otoño de Dunedoo y había muchos caballos a los que habría montado yo. Fue la primera vez que realmente creí que podría ser un jockey superior", recuerda Bowman, que se destacó como aprendiz en su país en el primer año que compitió. La primera encrucijada importante fue aquella que describe, a los 21, cuando una suspensión por haberse detectado cocaína lo alejó de las pistas durante seis meses.

Quince años después, aquella casa de Dunedoo en la que se refugiaba estuvo en peligro. A la distancia trató de mantenerse concentrado en las carreras durante el día y luego se mantenía en comunicación con Jim, su padre, que estaba entre los afectados por uno de los peores incendios forestales que azotaron a su ciudad natal, allí donde aprendió a andar a caballo a los 2 años. Por entonces, nada hacía presagiar que fuera jinete, sobre todo con abuelos granjeros que jugaron al rugby.

"Antes de que eso sucediera [la suspensión], estaba trabajando tan duro para llegar allí que realmente no podía ver que estaba cerca. Fue apenas un bache en el camino", describió hace unos años el australiano. Se familiarizó con la adversidad. Aprendió a convivir con ella, y a aprender de ella. Y tomó carrera lejos de las carreras para volver a la carga. Con más fuerza. "Tenía 21 años y el tiempo afuera me hizo muy bien. Fui y trabajé en una estación de ganado en el norte de Queensland con un amigo, y cuando volví ya creía en mí. Tardé sólo doce meses en montar a mi primer ganador de Grupo 1", recuerda. Desde 2004, cuando se impuso con el australiano Defier (Dehere) en la Doomben Cup, todos los años ha levantado un trofeo de la máxima categoría en su país.

Lo suyo ha sido una combinación de vigencia y talento. La mayoría de los jinetes tienen momentos flojos o sufren lesiones, pero Bowman ha logrado algo fuera de lo común: consistente, ha encontrado el caballo correcto en el momento correcto una y otra vez. Y sin respaldo de una cabaña Premium, sino trazando su ruta como jockey independiente. Aunque ello implique abandonar su tierra una y otra vez para estar en las gateras de cuanto clásico importante haya sobre la tierra hípica. “Cuando estás en un lugar durante mucho tiempo, especialmente en Australia, la temporada no tiene fin”, asegura.

"La plataforma para mi carrera profesional fueron esos primeros años y realmente tuve que trabajar duro porque no pude ingresar a los establos principales. Al final me ha sido muy útil”, reflexiona. Sabe que los caballos buenos son codiciados, que ejecutar la táctica ideal le dará los mejores resultados y llegarán nuevos ofrecimientos. La rueda gira.

"Todo el mundo puede relacionarse con los automóviles y es como conducir autos de cuatro o seis cilindros habitualmente, pero si te subes a un coche de carrera o deportivo de alto nivel y realmente lo aceleras, esa sensación es bastante energizante. Bueno, ésa es la sensación de guiar un purasangre de élite”, ejemplifica Bowman. "Pero cuando lo haces a caballo, es un auto por 20. Tienes que estar en las condiciones correctas y tener la capacidad, además de sentirse a gusto", agrega.

El éxito no lo enceguece. Se permite tener los pies sobre la tierra. “En este juego tienes que acostumbrarte a la derrota porque no puedes ganar todo el tiempo. Debes ser realista", repite Bowman. "En diferentes momentos es bueno salir de tu zona de confort y refrescarte. Yo espero tener éxito, eso no quiere decir que sea arrogante. Simplemente sé lo que puedo hacer y estoy haciendo lo correcto", afirma.

El chico que puso en jaque su carrera temprano supo salvar su futuro. El tiempo se lo ha demostrado.