Latin American Thoroughbred

EL DIARIO LATINOAMERICANO DE LAS CARRERAS

Calcolatore logró el éxito que su gente necesitaba para seguir soñando

Carreras / 20.11.2017

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El turf es básicamente una pasión en la que los sueños cumplen un rol incuestionable. Ser fieles a una ilusión o perseverar en una actividad después de haberse sentido lejos puede tener como destino la gloria. Y mucho de eso hay detrás del notable triunfo de Calcolatore (Tawqeet) en el Gran Premio Dardo Rocha (G 1), la carrera insignia del hipódromo de La Plata.

En el 135º aniversario de la ciudad, la noche que Sixties Song (Sixties Icon) volvía a competir y la mayoría le reclamaba una recuperación absoluta, la fiesta viró hacia otro lado y adquirió una tonada cordobesa. Por el jinete y por la caballeriza, Oye Tango, que agrupa a siete amigos, incluido un cubano que un día terminó viviendo en Córdoba y tomando las costumbres locales. Emprendieron el desafío de comprar unos caballos pensando en el San Jerónimo, el clásico que todo cordobés quiere ganar cada septiembre, pero a uno lo dejaron en Buenos Aires. Y acertaron un pleno. ¿Hace falta decir que el elegido fue Calcolatore

El margen de un cuerpo y medio resultó absolutamente mentiroso, dado que Rodrigo Blanco dejó de exigir a su conducido cuando todavía quedaban unos 50 metros de carrera. Había pasado de largo como si no hubiera dado una vuelta a la pista antes junto a los demás. Sólo por eso se acercó tanto Marcus Aurelius (Catcher in the Rye), cuya fuerza le alcanzó para despojar del placé al puntero Fiskardo (Not for Sale).

Blanco llevó a su caballo pegado a la verja mientras lo aplaudían y chocó su mano derecha con quien estuviera cerca de camino al sector de la foto, donde ingresó parado en los estribos. “Las cuatro veces que gané este clásico fue con la familia Etchechoury. Son unos fenómenos, porque me porto muy  mal y me siguen bancando”, decía, sonriente, el jinete. “El año que lo gané con Giant Killing dije que parecía que esta carrera estaba hecha para mí”, recuerda. No pasó tanto. Eso fue hace dos años, y ya tenía en su casa las copas recibidas por los triunfos del brasileño Reraise (Know Heights), en 2008, y Gran Enzo (Equal Stripes), en 2012. Todos en la última década. Impresionante.

En esta oportunidad, su socio fue Juan Javier, el menor de los hermanos, que con Calcolatore volvió a sentir el placer de cuidar. Durante el año, Carlos Daniel lo había sumado a su equipo y le había dedicado una conquista importante. Ahora fue al revés. “Me alejé por un tiempo, todo tiene revancha. Estoy emocionado y agradecido”, es de lo poco que se animó a decir tras la entrega de premios. No le salían fácil las palabras al entrenador, que será padre de una nena en los próximos días.

Interiormente sabe que cuando empezó el año no tenía en los planes retornar al turf, aunque lo deseara. Atrás habían quedado sus temporadas como preparador exclusivo del stud Rubio B o la experiencia en Uruguay, cuando Maroñas se reinventó. Hace unos días, caminando por Palermo, Javier recordaba que el ex jockey Daniel Bordón fue el que lo recomendó para el caballo que hasta agosto tenía su hermano Dany y que la victoria en el Clásico Calidoscopio, en la arena de San Isidro, fue la que le confirmó que el Dardo Rocha no era una utopía, estuviera quien estuviera anotado.

A Sixties Song, el grueso del público argentino no lo veía desde el 25 de mayo, cuando en el gran premio que homenajea esa fecha en San Isidro había quedado tercero de Ordak Dan (Hidden Truth), tras llegar a la punta antes de lo que indicaba la teoría en el césped pesado. La excursión por suelo inglés en julio, cuando terminó último en el King George VI & Queen Elizabeth (G 1) de Ascot, sumó algunos interrogantes más. No llegaba a la Copa de Oro y se apuntó a esta prueba para otra reprise, con el objetivo de llegar en óptima forma al Carlos Pellegrini. La sensación es que se cansó en el final, luego de ir a buscar el primer lugar al final del último codo, pero sumó otra mala nota y deberá rendir examen en diciembre en San Isidro. 

La demora inicial, con fallas “de sistema” que obligaron a comenzar la jornada casi media hora después, o las viandas en mal estado que recibieron los empleados, no empañaron la fiesta. Eso no implica que sean cuestiones en las que haya que manejarse de manera más profesional, con la lógica rigurosidad del caso. El despliegue del cuerpo de infantería, los shows musicales en vivo, los juegos para los chicos y los artistas que mostraban sus destrezas delante y detrás de las tribunas, en medio de los espacios gastronómicos y la feria artesanal, le aportaron el color a la tarde.

El brillo lo puso Calcolatore, con su tercera victoria del año, todas en 2400 metros (y tras otra en 2000m, en diciembre de 2016), aunque ninguna va a ser recordada tanto como la de este domingo. Al menos por ahora.